El hecho es que mañana a las 5h 46m de Tiempo Universal (dos horas más tarde en nuestros relojes, por el horario de verano) el Sol entra oficialmente en la constelación de Cáncer y a partir de ahí comenzará a dar marcha atrás bajando sin cesar hasta alcanzar el punto más bajo de su carrera anual el día 21 de diciembre a las 17h 47 minutos TU.
Solsticio deriva del latín solstitium, sol (el astro) y stitum (detención). La detención del sol que marca el tiempo en que éste se halla más lejos del Ecuador y en que parece quedarse varado en los mares del Universo durante unos días. El solsticio de verano se produce entre los días 21 y 22 de junio en el Hemisferio Norte cuando la distancia angular del Sol al Ecuador celeste es máxima.
Esta semana el conferenciante Toshio Fukushima, miembro destacado de la IAU (Unión Astronómica Internacional y del Observatorio Nacional del Japón) nos ha recordado en Murcia que la acción gravitatoria de nuestro satélite sobre el eje de giro de nuestro planeta mantiene el eje de rotación de la Tierra en una inclinación aceptable de unos 27 grados, que es el auténtico origen de las estaciones. De no ser así, a lo largo del tiempo (millones de años siempre) la tierra cambiaría sus polos de manera un poco alocada y las zonas climáticas de la tierra cambiarían de manera muy drástica. La tierra iría como loca por el espacio girando de manera caprichosa. Al planeta Venus, que no tiene lunas, le pasa eso Pues no: La Luna no nos lo permite. Claro que, puestos a pedir podríamos haberle pedido a la Luna que mantuviera el eje de la Tierra en posición vertical respecto al plano de la eclíptica, con lo que no tendríamos estaciones y uno podría elegir la residencia permanente en el clima que más le agradase para todo el año y para siempre. El cristianismo, en su esfuerzo por hacer suyas las numerosas fuerzas que tienen su manifestación en esta fecha solar mágica, optó por dedicarla a San Juan.
San Juan Bautista es el autentico príncipe del santoral cristiano, el único santo del que se celebra su nacimiento y no la muerte. Así lo advierte San Agustín, afirmando que fue santificado en el vientre de su madre y vino al mundo sin culpa. Hijo del anciano sacerdote, Zacarías, casado con una mujer tan santa como estéril, al nacer curó a su padre de una mudez que sufría como castigo por su poca diligencia en acreditar el anuncio del ángel Gabriel cuando le avisó del estado de gravidez de su esposa.
Juan es portavoz de la Redención. Por ello su festividad, el 24 de junio, es y se la asimila a una fiesta solar. Encarna sobre sí la liturgia del solsticio de verano porque para los crípticos era quehacer imposible erradicar de la práctica tradicional los más antiguos ritos de la Humanidad escenificados en la más grande de todas las fiestas, las ancestrales celebraciones solares. Juan sería un Sol menor que abre camino al Sol mayor, Cristo. En esta dualidad entre ambos personajes se contraponen la muerte y la resurrección.
Fuente/laverdad.es